Sr. Leonidas Peralta M.
Son muchos los prodigios que evidencian la forma sobreatural las intervenciones de la VIRGEN DE LA PUERTA; incontables son las ofrendas y exdevotos de sus favorecidos vamos a ocuparnos en esta oportunidad de un hecho extraordinario del que fue testigo el pueblo entero de Otuzco.
Era la llamada noche de "Alba"en la fiesta celebrada el año 1917; hallábase concentrada en la plaza miles de personas, en esa promiscuidad propia de las ferias donde la diversión, el negocio, la piedad y la indiferencia, se reúnen, se condena y se estorban. Bandas venidas de pueblos distantes colocadas en esquinas opuestas se miden en duelo musical mientras dan la retreta; surgen al espacio cohetes bullangueros, bengalas luminosas, globos y bombardas que estallan regando luz; la gente no sabe a que atender: las ruletas llaman con campanillas; de las tómbolas gritan; los mercantiles vocean; todos tienen que ver y que hablar. Eran las diez de la noche en el día del Alba; millares de personas se reúnen y aumentan, y la plaza es el digno teatro de un suceso que no tarda.
En un ángulo de ella se levanta la iglesia iluminada por cientos de ceras y cirios, colocados ene el atrio. La Virgen en su trono que la tradición le ha señalado sobre la puerta de su templo, tiene a sus pies la gente apretujada que la inciensa y la reza, sigue derrochándose la pólvora y la música, mientras la multitud está de fiesta.
Entre los muchos globos han soltado uno más hermosamente hinchado con sus colores vivos y su lengua de fuego, pero este globo no sube como los demás, ni se deja tocar por las manos comedidas que quieren ayudarlo; parece aturdido por los gritos y no sabe que rumbo seguir; toma un balanceo dudoso y, lentamente, se dirige hacia la Iglesia; el vocerío crece por que el globo se quemará entre la gente, las miradas están en él que va llegando al atrio. La oscuridad se vuelve temor, si el globo sigue chocará en el altar de la Virgen quemándolo irremediablemente; no se le puede contener y calmadamente, penetra en el atrio. Un clamor se levanta de la plaza con el peligro de incendio. Entre tanto el globo se detiene a dos metros de distancia de la Virgen que sonríe, un minuto; se demora un minuto que parece un siglo para quienes ignoran el final; enchido y hemoso el viajero intruso ya no avanza; encerrado entre el techo y las paredes que forman el atrio de la Iglesia, solo sabe hacer unas ligeras reverencias, después con la misma cautela que llegó va retrocediendo hasta la plaza, surge casi verticalmente más alto que la Iglesia y luego se remonta llevando el estupor de la gente que queda confundida.
Un minuto después el globo aventurero es un punto lunimoso que se pierde entre las cumbres otuzcanas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario